Nueva llegada de pateras a Tarifa

Con motivo del día de ayer, Día Internacional del Migrante, me gustaría recordar lo que sigue pasando actualmente en las costas del sur de España.

Hace unos días, como tantas otras veces, llegaban a Tarifa varias embarcaciones con decenas de personas subsaharianas en ellas, incluídos dos bebés. La escena se repetía los dos siguientes días fruto del último salto de la valla de Melilla. Venían en barcas hinchables de juguete y al llegar uno de ellos besaba el suelo, saltaba de alegría y gritaba: ¡España! ¡España!

Estos hombres y mujeres tienen que sufrir dificultades que nosotros no podemos ni imaginar, para llegar primero a Marruecos y luego a la península. Desde ser extorsionados por mafias, atravesar desiertos, sufrir violaciones y robos de bebés, sobrevivir en el monte Gurugú, saltar la valla deMelilla o nadar a Ceuta... Todo eso antes de atravesar los 14 kilómetros que separan África de Europa, que son pocos pero muy peligrosos.
 

Ellos, esos a los que algunos llaman "ilegales", sólo buscan mejorar sus vidas y las de sus familias, pero aquí aún hay gente que intenta convencernos de que vienen a robarnos, a aprovecharse de nuestra sanidad y mil sandeces más que las estadísticas desmienten.

La situación económica actual, el reparto desigual de recursos, la corrupción, la violación de los derechos humanos, etc, hacen que Europa sigua siendo la tierra prometida. Si a eso le sumamos la falta de oportunidadesde información veraz en sus países de origen, tenemos la combinación perfecta para que estas personas sigan arriesgando y perdiendo sus vidas.

Deberíamos trabajar e invertir más en el desarrollo de esas zonas emisoras de migrantes, apoyarles para que desarrollen todas sus potencialidades en sus propias comunidades, haciéndolos protagonistas de sus propios cambios, no imponiéndoles desde un despacho en occidente qué les vamos a dar y cómo queremos que lo usen sin siquiera haberles preguntado...

Humildemente creo que la ayuda sin la implicación de sus propios protagonistas es, nunca mejor dicho, "pan para hoy y hambre para mañana".

Miles de personas seguirán arriesgando sus vidas cada año hasta que el sistema económico mundial cambie y puedan tener algún futuro en su países de origen.

Por favor, ¡dejemos de juzgarlos y admiremos su gran valentía!

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